Bocairent, la devoción a Sant Blai

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En Bocairent arranca el calendario de los municipios que celebran fiestas y Moros y Cristianos en la provincia de Valencia.

Unas fiestas donde se unen la tradición y la devoción a su patrón desde 1632, Sant Blai, en torno a quien se celebran estas fiestas declaradas de Interés Turístico.

Al igual que ocurriera con otras poblaciones de la Comunitat Valenciana, las antiguas milicias dieron paso a las compañías festeras o filaes hasta que en la segunda mitad del siglo XIX pasaron a celebrarse los Moros y Cristianos como los conocemos a día de hoy. Ya  que si algo caracteriza a las celebraciones de Bocairent es el respecto por sus tradiciones, aunque ni por ello han dejado de dar cabida a las innovaciones propias del avance de la sociedad, como fue en su día la incorporación de la mujer a las fiestas hace ya más de 50 años.

En la década de los 70 a los 90 la fiesta creció de forma exponencial, hasta alcanzar la cifra actual de más de 2.200 festeros.

Con la Nit de Caixes, el primer viernes de febrero, comienza el programa de actos, en la que los festeros visten la manta bocairentina y acompañados de farolets y tabalets  recorren las calles del pueblo para conmemorar el patronazgo de Sant Blai desde que en 1632 fuera proclamado patrón de la villa.

Le siguen el Día de la Entrada, con el majestuoso desfile de todas las filaes: Espanyoletos, Granaders, Contrabandistes, Terç de Suavos, Estudiants, Moros Vells, Marrocs, Moros Marins y Mosqueters, con sus estandartes, boatos de capitanes y caballerías, bajo el aplauso de todo el pueblo y de los numerosos visitantes que acuden a ver este grandioso espectáculo.

El Día de Sant Blai los bocairentinos rinden culto a su patrón, con la celebración de la misa mayor y la solemne procesión, con los clásicos vítoles especialmente a la llegada de la imagen a la plaza y al templo parroquial.

En el denominado Día de Moros y Cristianos, los embajadores se disputan la fortaleza, con el triunfo primero de las tropas moras y tras luchas denodadas la villa cae de nuevo en manos cristianas.

Por último se celebra el Día del Santo Cristo, con el «Despojo del Moro» en el que el embajador moro reniega de su religión para convertirse a la fe cristiana, el tradicional almuerzo entre hogueras y, ya por la tarde y como broche final, el cambio de bandas a los nuevos capitanes y alféreces.